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¿Dónde están los que te acusan?

  • Foto del escritor: Pastor Alfredo Carmona
    Pastor Alfredo Carmona
  • 7 feb
  • 2 min de lectura

El encuentro entre tu pasado y la Gracia


En el escenario de la vida, a menudo nos sentimos como aquella mujer en el centro del atrio del Templo: rodeados de dedos índices que señalan nuestras fallas, con el peso de la ley sobre los hombros y el eco de las piedras golpeando el suelo. Sin embargo, el capítulo 8 de Juan nos revela que, frente al acusador, siempre hay un Intercesor que escribe una historia diferente.


1. El ruido de la condenación


El pasaje comienza con un estruendo. Los escribas y fariseos no buscaban justicia, buscaban una trampa. Utilizaron el pecado de una mujer para desafiar la misericordia de Jesús. A menudo, nosotros vivimos así: con voces (internas o externas) que nos recuerdan constantemente dónde fallamos, gritando que "la ley dice que debemos ser apedreados".


2. El silencio que confronta


Lo más fascinante de este relato es la reacción de Jesús. Él no se puso a discutir. Se inclinó y escribió en tierra. Al hacerlo, desplazó la atención de la mujer hacia el suelo.


Cuando los acusadores insistieron, Él lanzó el desafío que desarmó toda superioridad moral: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella".


Nota: La ley era justa, pero los ejecutores no lo eran. Jesús no ignoró el pecado, pero expuso la hipocresía del corazón humano.


3. Un horizonte vacío de piedras


Uno a uno, desde los más viejos hasta los más jóvenes, se retiraron. El texto dice que se quedó Jesús solo, y la mujer que estaba en medio.


Este es el momento más sagrado de la vida cristiana: cuando el ruido de la crítica se apaga y solo quedas tú frente al Maestro. Jesús levanta la mirada y pregunta: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?”.


4. Ni yo te condeno


La respuesta de Jesús no es una licencia para pecar, sino una plataforma para cambiar. Al decir “Ni yo te condeno”, Él asume el costo de nuestra libertad. Él, que era el único sin pecado y el único con derecho legal a lanzar la piedra, decidió soltarla.


Pero el mensaje no termina en el perdón; termina en el propósito: “Vete, y no peques más”. La gracia no es solo un borrador para el pasado, es el combustible para un futuro diferente.


5. El que te acusa


Es triste ver como a esta mujer sus propios hermanos eran quienes la acusaban, ignorando ellos que Jesús no acusa ni condena a nadie, que quien acusa es el diablo el acusador de nuestros hermano. Apocalipsis 12:10, por tal razón siempre que alguien te acuse, recuerda que quien te acusa aún sea un religioso, no es Dios, sino quien te quiere destruir.


Reflexión final


Si hoy sientes que las piedras de la culpa están a punto de caer sobre ti, recuerda esto: Jesús no vino para unirse a tus acusadores. Él vino para escribir en la tierra de tu vida una nueva oportunidad. Cuando Él te perdona, la opinión de los demás pierde su peso legal en el cielo.


¿Dónde están los que te acusan? Si estás en Cristo, han tenido que soltar la piedra y retirarse.

 
 
 

1 comentario


Leandra López De jesus
Leandra López De jesus
08 feb

Alabado sea el Padre Celestial

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